

En 1800, y paralelamente a la construcción del Colegio de Niñas, se erigió este convento para las monjas que lo atenderían. Se hizo construyendo un segundo patio o claustro a la derecha del Templo de la Soledad, el cual serviría para aglutinar, en la planta baja, servicios como cocina, refectorio y otros, y en la planta alta, área de celdas y de estudio para las religiosas.
Por urgir el uso del edificio, éste nunca se terminó. Así, desde 1805, la planta baja funcionó como escuela pública, con entrada independiente por la Calle de la Enseñanza, hoy Fernando Dávila, quedando en proyecto la construcción de tres lados del corredor que formaría el claustro, así como una buena parte de la escalinata de cantera para acceder a él.
La planta alta, construida parcialmente, nunca se concluyó y las necesidades de residencia de las religiosas se cubrieron con habitaciones construidas sobre la planta baja y encima de la sacristía del Templo en forma por demás inadecuada para un sistema de vida que pide tanta soledad, tranquilidad y aislamiento, como el religioso .
El resto de la manzana, por aquel entonces libre de inmuebles, se convirtió en huerto, y una parte en servicios de limpieza, sanitarios y despensas.
El 25 de marzo de 1867, con apego a las Leyes de Reforma, las monjas fueron exclaustradas y el edificio expropiado por el Gobierno Federal.
Esta obra, que forma parte del Colegio de Niñas, fue realizada por el mismo constructor y luce por lo mismo su excepcional arquería neoclásica.
El huerto, años después de ser convertido en propiedad municipal, fue dividido constantemente, en uno de cuyos predios se iniciaron los famosos baños públicos "El Edén", y en otro la construcción de un teatro, obra suspendida, primero en 1910 debido ala Revolución, y luego suspendido definitivamente en 1917. Sobre parte de sus inconclusas obras se construyeron posteriormente, a partir de los años treinta, diversos servicios municipales, como las cárceles de hombres y mujeres, una escuela pública, un frontón, las áreas de policía, tránsito, bomberos y de policía judicial. La casa del vicario del Templo de la Soledad, localizada a espaldas de él y construida por el propio arquitecto Esteban González dentro del mismo
estilo del Colegio y el Convento, fue demolida, vendido su terreno, y construidos en esa superficie dos edificios comerciales.
El exconvento funciona actualmente de una manera triple: parte como áreas propias del Templo; la planta baja del claustro y su arquería como fracción de la Plaza de los Fundadores; y su planta alta, desprendida de los servicios del Templo se anexó en 1985, al realizarse la construcción de la plaza, al edificio de la Presidencia Municipal.
El resto de la manzana fue demolido en su totalidad durante los años de 1984-85 para dar paso a la construcción de la Plaza de los Fundadores.